Hubo dos motivos, uno religioso y otro civil, para que naciera en el costado Este de la ciudad, un arrabal o barrio de extramuros, separado solamente unos metros de la muralla que circundaba el casco antiguo. En el aspecto religioso, en la Edad Media, los hortelanos, pequeños agricultores, pequeños ganaderos de los cortijos, y familias que vivían en molinos en el campo, no tenían parroquia propia en que bautizarse y casarse, y cumplir el obligatorio «cumplimiento Pascual» o sea comulgar una vez al año por Pascua Florida. Al no tener parroquia propia, tenían que depender de la catedral que tenía una asistencia parroquial llamada canónicamente Santa María de Afuera.

Sin embargo esto resultaba molesto, por lo alejado, y había familias que demoraban un año entero en bautizar a sus hijos, o casarse. Por ello en el siglo XVI se creó la parroquia de San Bernardo que incluía todo el territorio desde la Huerta del Rey hasta Santa Lucía o sea los extramuros de la Puerta de la Carne, Puerta de Carmona, Puerta de Osario, Puerta del Sol y Puerta de Córdoba. Pero resultó que era demasiado territorio y los vecinos más alejados continuaban sin ir a recibir los sacramentos.

Así que en 1578 dispuso la creación de una Ayuda de Parroquia en la capilla de Nuestra Señora de los Angeles de la Hermandad de los Negritos. Más tarde se le dio nombre propio como Iglesia-Ayuda de Parroquia de San Roque, hasta que construido ya su propio templo pasó en 1830 a ser, con todos los efectos canónicos Parroquia de San Roque.

Pero también había un motivo civil para la creación y fomento de un arrabal en ese sitio: sacar del casco urbano algunas industrias molestas por sus ruidos, sus humos, o sus olores; y eliminar gracias a un numeroso vecindario decente, la indeseable existencia de un suburbio llamado «El Ejido de las Curanderas»,en la orilla del río Tagarete (por donde ahora está la calle Arroyo), habitado por gente de mal vivir, brujas que vendían pócimas para abortar, y delincuentes de toda laya. De este modo se consiguió que la parroquia sirviera de atracción para crear un barrio de excelentes vecinos trabajadores y honrados.

El arrabal de San Roque progresó mucho durante el siglo XIX al iniciarse la era industrial, situándose en él numerosos talleres y pequeñas fábricas. Las calles que existían en este arrabal, mientras fue considerado como arrabal, es decir, hasta el final del siglo XIX eran: San Agustín, Altar, Arroyo, Doña Berenguela, Conde Negro, Concepción, Diego de Merlo, Ensanche, Fray Alonso, Cuadalupe, Puñónrostro, Recaredo, Arrebolera, Salud, Santo Tutelar, Tenorio y San Primitivo. Muchos de estos nombres han cambiado en el siglo XX. Así, la plaza de San Agustín conserva el nombre que recuerda al desaparecido convento agustino; arroyo continúa con su nombre; Doña Berenguela, Conde Negro, Concepción y Diego de Merlo, persisten. Ensanche se llama hoy calle Gonzalo Bilbao. Fray Alonso, Guadalupe, Puñónrostro, y Recaredo continúan con sus nombres. Arrebolera es hoy María Auxiliadora, Salud sigue; Santo Tutelar es hoy Plaza de Carmen Benítez; Tenorio persiste con su nombre, absurdo porque al no ir precedido por la palabra Almirante, la gente lo confunde con don Juan Tenorio, cuando en realidad se quiso recordar a un ilustre marino (N.e. Hoy se llama Almirante Tenorio). Y San Primitivo conserva su nombre.

Finalmente diremos que había una calle que por no tener vecinos no figuraba en el nomenclator del arrabal, aunque estaba en el arrabal de San Roque. Era la calle Acueducto. En los últimos años del siglo XIX se le cambió el nombre por calle Industria, al aparecer allí varias industrias que casi podían considerarse como un pequeño polígono industrial. El nombre no duró mucho tiempo y en 1912 se rotuló como Avenida Menéndez y Pelayo, con vistas ya a la Exposición Iberoamericana de 1929, que se estaba construyendo y que transformó por completo la fisonomía de Sevilla.

(c) José María de Mena, 1984

(c) David de Mena, 2021