Antonio Illanes, es el tercero de los grandes escultores que ha tenido Sevilla en los últimos cien años. El primero fué Antonio Susillo. El segundo Antonio Castillo Lastrucci. El tercero Antonio Illanes. Curiosamente los tres tenían el mismo nombre de pila.

Antonio Illanes del Río, nace en 1903. Ingresa a los catorce años en la Escuela de Artes de Sevilla, donde aprende el dibujo, el modelado y la talla junto al gran maestro Francisco Marcos.

A los veintidós años labra su primera obra importante, un busto en madera, que presenta en la Exposición de Bellas Artes. En los cinco años siguientes realiza varias obras importantes entre ellas el Cristo de las Aguas, Crucificado procesional, que se pierde en un incendio en la iglesia de San Jacinto.

En 1929 presenta varias de sus obras en la exposición que se realizó con motivo de la Feria Internacional de Muestras denominada Exposición Iberoamericana de Sevilla. El rey Alfonso XIII al inaugurar la exposición de Bellas Artes pregunta que quién es el autor del Crucificado que allí se exhibe; es el Cristo de la Lanzada, construido por Illanes para la Hermandad de este título. Alfonso XIII al decirle que el autor se llama Antonio Illanes, ordena a su secretario que anote el nombre. Días después Illanes recibe con gran sorpresa el nombramiento y Cruz de Caballero de la Orden de Alfonso XII, con que se prémian las obras culturales de relevante mérito.

En 1931 realiza la imagen de la Virgen Dolorosa para la misma Hermandad.

En 1932 gana una pensión del Ayuntamiento para ampliar estudios en París, y en 1933 una pensión del Gobierno para visitar Hispanoamérica. En 1935 labra el San Juan para la Hermandad del Cristo de las Aguas, de San Jacinto, que también se perdió en el incendio de dicho templo.

En cl año 1932, cuando ya Illanes ha pasado su etapa de París, adonde fue pensionado por el Ayuntamiento de Sevilla y permaneció dos años trabajando, presentó una exposición de veintidós obras, en las que resume lo que va a ser su proyecto artístico para los años de su vida: obras de imaginería religiosa, obras de desnudo femenino, obras de retrato, obras dedicadas al genio racial de Andalucía, (que formarán su Rapsodia Andaluza) y finalmente un tema poco tratado en escultura: la figura humorística, dentro de los cánones de la mejor escultura bufa china o americana precolombina, pero impregnada en los efluvios del Modernismo.

En 1933 es pensionado por el Gobierno para realizar una gira por los países americanos, en una especie de embajada itinerante del arte contemporáneo español. Visita todas las repúblicas hispanoamericanas, Estados Unidos y Brasil y durante varios meses permanece en Caracas, donde el gobierno venezolano le encarga la realización de un busto del poeta nacional Eloy Andrés Blanco. También hace una figura grande de “Mujer venezolana”

En 1942 vuelve otra vez a América y permanece durante un año en Montevideo donde el gobierno le ofrece la dirección de una Escuela Nacional de Escultura, que él rechaza por no quedarse a vivir allí, pero da lecciones durante un curso a un grupo de escultores uruguayos, dejando allí escuela y abundantes obras en museos y colecciones. Ya en este viaje fué acompañado de su jovencísima esposa Isabelita Salcedo.

Pero lo que mayor universalidad da a Illanes, más que sus viajes y estancias en otros países, es su estudio, anejo a su vivienda en la calle Antonio Susillo. Por el estudio de Illanes desfilan como visitantes todas las personalidades más importantes que pasan por Sevilla y asisten a las reuniones literarias que allí se organizan los jueves por la noche. Allí concurren aristócratas como la Duquesa de Alba, la de Santoña, la Princesa de Metternich, la Princesa de Ruspoli, escritores como Eça de Queiros, Sommerset Maugham, Hemingway, financieros multinacionales como el mejicano Ricardo Paní, pintores como Valdemi, artistas de cine como Ava Gardner, etc. A muchas de estas personalidades les hizo retratos y esculturas del más diverso género, que se esparcieron así por el mundo dando fama internacional a Antonio Illanes, en los más selectos y mundanos ambientes.

A partir del año 1936 y para reponer muchas de las imágenes que habían sido destruidas en los incendios revolucionarios, se consagra por entero a la imaginería, y hace entre otras, un Jesús Nazareno, para la Hermandad de San Roque; la Virgen de la Paz, para la Hermandad del Porvenir; la Virgen de Guía, para la Hermandad de la Sagrada Lanzada; figura de Anás para el paso de Misterio de la Hermandad del Porvenir; Virgen de las Tristezas, para la Hermandad de la Vera Cruz; nuevo Crucificado para la Hermandad de San Jacinto en sustitución del que se quemó; Jesús de la Victoria, para la Hermandad de la parroquia de San Sebastián; Y además imágenes procesionales y de altar, para los pueblos y ciudades de Tocina, Pruna, Cortes de la Frontera, Alcalá de Guadaira, Teba, Villalba del Alcor, El Sarcejo, Isla Cristina, Trigueros, Ubrique, Mairena, Ciudad Real y Madrid.

No solamente cultivó el género religioso, sino que hizo también muchas obras de retrato, entre ellas del presidente de Venezuela, del poeta Ramón Charlo, del recitador Sebastián Blach, de los toreros Juan Belmonte, Rafael el Gallo y Curro Romero, del crítico de arte Ramón Torres Martín, numerosos desnudos de mujer, uno de ellos un torso en mármol que figura hoy en la Academia de Bellas Artes. Y monumentos públicos como el de Gustavo Adolfo Bequer en la barriada de Las Golondrinas, delante de la antigua Venta de los Gatos, venta que compró para salvarla el propio Illanes, ante la amenaza de su derribo. Empresa importante por cierto, ya que en una moderna zona urbanizada de edificios altos, es imposible conservar una venta de poco más de dos metros de altura de tejado. También hizo el relieve de Chopin para la celda de la cartuja de Valldemosa, donde vivió el músico, y diversos otros monumentos públicos en distintas ciudades.

Illanes fué nombrado académico de la Real Academia de Bellas Artes de Santa Isabel de Hungría, donde para su ceremonia de ingreso pronunció un bellísimo discurso sobre la vida y obra de Antonio Susillo.

Fué además de ilustre escultor, un escritor de fácil inspiración. Publicó numerosos artículos en periódicos y revistas y dos libros muy importantes para conocer la vida de los artistas de los años 1920 a 1960; estos dos libros se titulaban ‘Del viejo Estudio • y ‘Del nuevo Estudio* , y en ellos narra de manera amena y minuciosa, las gentes que desfilaron por su primer estudio de escultor en la calle Santiago, y por su nuevo Estudio en la calle Antonio Susillo, tanto pintores y escultores, como toreros, músicos, poetas, próceres y actrices, y en fin, un mundo diverso y variopinto que frecuentó en esos años la tertulia que Antonio Illanes y su esposa Isabelita Salcedo, tuvieron durante muchos años, y en la que se dieron a conocer obras artísticas y literarias, donde se recibió a cuantas personas extranjeras importantes pasaron por Sevilla, y donde por fin, tuvo su templo de arte, hasta que murió Illanes, por los años 1975.

(c) Jose Maria de Mena, 1983

(c) David de Mena, 2025