TRES CARTAS DE NARCISO CAMPILLO SOBRE LA MUERTE DE BECQUER (I)

He aquí tres cartas de interesante contenido político y literario, fechadas en Madrid en 1870 y 1871, cuya publicación debo a una gentil dama sevillana, descendiente de su destinatario. Las cartas fueron dirigidas por el escritor sevillano, residente en Madrid, Narciso Campillo, al prócer don José Lamarque de Novoa, residente en Sevilla.
• Quiénes eran estos dos personajes?
Narciso Campillo y Correa es uno de los grandes del periodismo madrileño de la apasionante segunda mitad del siglo XIX. Testigo directo de los sucesos políticos y literarios desde el año 1855 hasta su muerte en 1900.
Nació Campillo no en 1835, como suelen decir sus biógrafos, sino como dice su partida de bautismo que obra en la parroquia de San Pedro, en Sevilla, el día 29 de octubre de 1834, y precisamente nació en la misma casa en que había vivido el célebre poeta Baltasar de Alcázar en el siglo XVI, y en donde, en el siglo XX, vivió el también poeta Fernando Villalón, en la calle hoy llamada Sor Angela de la Cruz, 4 y 6, hoy convento.
Campillo intentó hacer la carrera de marino, pero el mismo año de su ingreso el gobierno cerró el Real Colegio de San Telmo de Náutica, donde se formaban los pilotos para la Carrera de Indias. Se habían perdido las colonias de América, ya no había Indias, ya no había carrera, ya no hacían falta sus pilotos.
Campillo se viene a Madrid, acompañado de otro frustrado marino, Gustavo Adolfo Bécquer. Ambos dibujan bien porque se les exigía para el ingreso en San Telmo. Ambos escriben bien tanto en verso como en prosa.
Ambos pasaron juntos estrecheces, hambres caninas. Pero Gustavo Adolfo se casa, tiene muchos hijos, enferma de tuberculosis, vive a salto de mata de pequeñas colaboraciones, en fin de una manera infeliz. Pero Campillo se da cuenta enseguida de que de la poesía y los relatos no se puede vivir. Hay que tener una fuente de ingresos fija, de un sueldo estable y para ello hay que estudiar antes una carrera. Se vuelve a Sevilla, se gradúa en esta universidad gana por oposición una cátedra de instituto. Le destinan a Cádiz. Allí conoce a Roque Barcia, y a Salvoechea, con quienes funda el periódico El Demócrata Andaluz y colabora con los organizadores de la Revolución de 1868, llamada la gloriosa, formando parte de la junta revolucionaria.

Triunfante «La Gloriosa» vuelve a Madrid, ya como político influyente trasladándose a la cátedra de Retórica del Instituto del Noviciado, cátedra que luego cambió su denominación por la de Preceptiva Literaria, e Historia de la Literatura. En Madrid realiza una extensa labor periodística, primeramente con el jerezano Paul y Angulo, con quien luego rompe, abandonando la prensa revolucionaria para pasar a otra más moderada, como El Imparcial y Ilustración Española y Americana. Publica numerosos libros de poesías cuentos, libros de historia literaria como el Florilegio Español, Literatura Preceptiva y alguna sátira política como Historia de la corte Celestial.
Veamos ahora quién fue don José Lamarque de Novoa. También nacido en Sevilla, pero de padre francés y madre santanderina, pasó gran parte de su juventud en Sevilla, donde fue discípulo de Lista y amigo en París de los románticos españoles exiliados, y luego de Campillo y Rodríguez Zapata.
Buen latinista, se inspiró en temas clásicos, escribiendo en 1867 una apreciable obra, titulada Hero y Leandro, y posteriormente In Mitote de Safo ambas traducidas al alemán. En estilo epistolar publicó Desde la Montaña, una hermosa colección de costumbres y leyendas satanderinas, inicio de una serie de libros de viajes. Tras el triunfo de «La Gloriosa», se significó como alfonsino y luchó políticamente contra ella y luego contra la república de 1873, publicando numeroso artículos en la prensa madrileña, y participó en la fundación de un periódico titulado El Gato, en el Madrid de 1875.
Casó en 1861 con una mujer excepcional, doña Antonia Díaz, poetisa mu notable, autora de numerosas publicaciones. Don José Lamarque de Novoa fue posteriormente nombrado Cónsul del Imperio Austrohúngaro en Sevilla y Académico correspondiente de la Real Academia de la Historia.

Estos son los dos personajes: Campillo, instalado en Madrid, escribe estas cartas a don José Lamarque, quien ha regresado a Sevilla y desea
conocer las noticias de la Villa y Corle.

Veámoslas:

1.870
Sr. DL José Izunatque.
Mi muy querido amigo: Recibí su apreciada de 23, juntamente con la de
Antonia, que leí a Rosa. Ambos agradecemos mucho sus cariñosas palabras de consuelo.
He sentido, siempre sentiré la pérdida de la niña, por que la quería con el alma y no se me olvidan sus palabras, ni su cara tan triste y tan bonita, ni sus grandes ojos negros. Pero no por eso ni por nada he de abatirme. Conozco a alguna cosa de este valle de mierda y sólo me inspira indiferencia y desprecio cuando me fijo en muchas cosas.
A otra. Ya sabrá usted que Gustavo falleció en Madrid, barrio de salamanca, la semana anterior, tres meses después que Valeriano. Como murió muy pobre, nos hemos reunido sus amigos, y unos a cinco duros y otros a diez, hemos juntado a los huérfanos de ambos unos 3.000 reales hasta hoy, siguiendo abierta la suscripción.
Vamos a publicar un grueso tomo de las poesías y leyendas de Gustavo y con otro con los dibujos de Valeriano, perfectamente grabados por los mejores artistas. En el estudio del pintor Casado fue la reunión; este artista ha hecho un magnífico retrato de Valeriano y otro de Gustavo ya muerto.
Entre Ferrán y yo hemos hecho las particiones entre las dos viudas, de los muebles de ambos hermanos. Correa, Ferrán y yo somos los encargados de la edición literaria: Correa nada hace, pues se levanta a las 7 de la noche y hasta el amanecer del día siguiente en que se acuesta, anda recorriendo compadres y comadres; de suerte que el trabajo, y no es poco, carga sobre Ferrán y sobre mí. En tres días hemos revisado unas quince leyendas, y mañana empezaremos con las poesías rimadas. Son muy breves y las hay muy originales. Han de ser dos libros de mérito y muy curiosos.
Dígame lo que ocurre por Sevilla. Aquí se desafiaron Paul y Angulo, y Ducazcal, saliendo este herido con un balazo en la cara. Después el mismo con Paul con Bernando García, director de La Discusión, saliendo levemente herido García; de modo que el demagogo de Jerez está dándola de bravo en esta Villa.
Pronto llegará el insigne Amadeo: según parece le recibirán con varios festejos, y según aseguran los republicanos más ardientes con varios balazos.
Allá veremos que bien poco falta. Puede que sea otro Leopoldo de Bélgica, y también puede que se repita la tragedia de Maximiliano. Repito que veremos.
Van a tener la indiscreción de traerlo estos días para que lo reciban como al cuarto de los Reyes Magos.
Adiós. Expresiones muy afectuosas para Antonia, de Rosa, que agradece mucho su carta; déselas mias como a la familia y amigos, y disponga del que lo es suyo verdadero.
Narciso Campillo.

Esta carta precisa alguna explicación: los personajes citados en ella no son hoy del todo conocidos, pues el tiempo ha difumado su memoria, por aquello de que, «Todo lo puede el tiempo, Filis mía».
En obsequio a ti, querido lector, vamos a exhumar del pasado a tales personajes que de algún modo se relacionan con la publicación de las obras inéditas de Gustavo Adolfo Bécquer, y los dibujos de su hermano, Valeriano Bécquer.
En primer lugar dice Campillo que la reunión se efectuó en el estudio del pintor Casado. Se refiere a José Casado del Alisal, uno de los románticos, discípulos de Madrazo, y rival de Antonio Gisbert. Casado nació por los mismos años que Gustavo Adolfo Bécquer y que Campillo, concretamente en 1832. Fue uno de los grandes pintores de temas históricos, y entre sus mejores obras destacan «La Rendición de Bailén», «Las Cortes de Cádiz» y «La Campaña de Huesca», algunos de los cuales se pueden contemplar en el Museo de Arte Modemo de Madrid, y en el de Roma. Fue académico de Bellas Artes de San Femando, y director de la Academia Española en Roma.
«Entre Ferrán y yo hemos hecho las particiones»: Ferrán es Augusto Ferrán quizás el más íntimo amigo de Bécquer, que le ayudó mucho en sus momentos de penuria. Bécquer escribió un prólogo bello e importante para un libro de Ferrán, titulado Soledad.
«Correa, Ferrán y yo somos los encargados de la edición literaria»: El Correa a que se refiere es Ramón Correa, nacido en Cuba en 1835 y que se vino a Madrid a intentar conquistar la fama. Si no logró la fama sí consiguió gran popularidad como novelista, siendo su estilo más que romántico realista. Su obra, Un Hombre Corrido, le puso entre las primeras figuras de la vida literaria de su época. También hizo periodismo y crítica literaria. Amigo de Bécquer, se encargó de muchos trámites para la edición y escribió el prólogo a las obras de Bécquer. Fue en cierto modo un hombre de moda, y también un «playboy», como se diría actualmente.
Después de hablar sobre la muerte de Bécquer y edición de su obra, Campillo cuenta algún chismoneo de la vida madrileña, mencionando los desafíos que han tenido lugar últimamente. En aquellos años de 1870 y hasta entrado en siglo XX, era costumbre dirimir las discusiones, rivalidades y enemistades, y las «cuestiones de honor» mediante el desafío. Los escritores, aristas y políticos eran quienes mas frecuentemente se batían con sus enemigos, y ello obligaba a saber manejar las armas, tanto el sable y el florete como la pistola.
Había en Madrid por entonces varias academias para aprender la esgrima y el tiro.
Estas academias se llamaban «Salas de armas» y entre los mas famosos maestros de esgrima se nombraba a Adelardo Sanz y Carbonell, a cuya academia acudía lo más florido de la vida pública madrileña. También había salas de amas en los principales casinos. Otros maestros fueron Afrodisio Aparicio, Ángel Lancho y Guido Paleri.

Hubo duelos famosos, como el que mantuvieron el Duque de Montpensier, don Antonio de Orleáns y su primo, el Infante don Enrique de Borbón, duelo que se efectuó en la dehesa de los Carabancheles, muriendo el infante al recibir un tiro en la frente. A veces un insulto, un artículo de periódico ofensivo, eran materia suficiente para batirse. La mayoría de las veces, los duelos se resolvían en un simple arañazo con la espada, y los duelistas acababan bebiendo juntos, como ocuITió en el duelo de Valle Inclán y López del Castillo. Otras veces el resultado era fatal, como el que hemos citado antes, con la muerte de don Enrique de Borbón.
Por motivos políticos se batieron el novelista, Blasco Ibáñez y el teniente Alastuey; y el ministro de Marina, Jose Beranger y el diputado Augusto Suarez de Figueroa en 1885. Campillo nos cuenta en su caña: «Aquí se desafiaron Paul y Angulo, y Ducazcal, saliendo éste herido de un balazo en la cara.» José Paul y Angulo era natural de Jerez, y el Conde de Romanones, en su biografía de Amadeo de Saboya, El Rey Efimero, califica a Paul y Angulo de «señorito jerezano» engreído y frustrado. Paul y Angulo quiso ocupar en Madrid un puesto en las letras y en la política, pero fracasó en ambos terrenos y entonces se hizo anarquista y fundó un periódico, titulado El Combate en el que exponía las ideas revolucionarias más exaltadas, hacía la apología del terrorismo mas sanguinario,
y excitaba al asesinato del Presidente Prim y de todo el gobiemo (En nuestro libro leyendas y Misterios de Madrid puede encontrar el lector un capítulo sobre la muerte de Prim y la participación de Paul y Angulo en aquel atentado).
Respecto a Ducazcal, diremos que es Felipe Ducazcal, periodista y político. En la fecha en que Campillo escribe la carta Felipe Ducazcal tenía veinticinco años, y era el líder joven del partido moderado. su duelo en 1870 significó el
enfrentamiento entre dos ideologías totalmente irreconciliables. Más tarde, Ducazal organizaría un grupo de jóvenes, llamados “la partida de la porra”,  para enfrentarse a los anarquistas y sus simpatizantes, con nocturnos encuentros callejeros, apaleando a sus enemigos. Mientras Paul y Ángulo organizaba y llevaba acabo el atentado que ambató la vida a Prim, ccon compañía de un emigrado italiano residente en Sevilla, apellidado Graciani.

Pasados unos años Ducazal fundó el periódico “El Heraldo de Madrid”. Fue amigo personal de Amadeo de Saboya, y durante algún tiempo se dedicó a empresario del Teatro de la Zuzuela, donde gracias a su protección, estrenaron sus mejores obras músicos tan ilustres como el maestro Chapí. Por último fundó un teatro al que puso su nombre, Teatro Felipe, en el solar donde hoy está el Palacio de Comunicaciones, en la Cibeles.

De la «partida de la porra» se cuentan algunas atrocidades, como el apaleamiento del periodista Azcárraga que murió a consecuencias de la paliza. También el teatro de la calle de la Madera Baja fue asaltado y destrozado todo su mobiliario por haber representado una comedia del autor Navarro Gonzalvo, titulado ll Macarronini I que caricaturizaba y atacaba al Rey Amadeo I.
El último personaje a quien se refiere Campillo en esta carta es a Bemardo García, que ha tenido otro desafío con Paul y Angulo. Bemardo García fue periodista, fundador del diario La Discusión por los años de 1860. Este periódico era de tendencia moderada y destacaba por prestar, en sus páginas, amplio espacio a los temas locales de Madrid. Fue uno de los principales periódicos, desde 1860 hasta 1875. Figuraba entre los de mayor difusión e influencia, como La Iberia, El
Debate, El Imparcial, La Correspondencia, Las Novedades, El Tiempo, El Universal, y muy por delante de La Igualdad, La Ilustración Republicana, El Pensamiento Español, El Combate, y El Eco de España.

© Jose María de Mena 1996

© David de Mena 2019

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