¿POR QUE LA CATEDRAL DE SEVILLA LLEVABA DIEZ MINUTOS DE RETRASO?
Aunque no falten discusiones entre las catedrales de Sevilla, Barcelona y Valéncia, sobre la antigüedad de sus relojes, parece que el primer reloj de torre con campanas que hubo en España fue el de la Catedral de Sevilla, puesto en el año 1393, siendo arzobispo Don Gonzalo de Mena. Después de varios siglos de prestar su valioso servicio aquel reloj fue jubilado, sustituyéndole en el año 1769 otro reloj que hizo a mano pieza a pieza, un fraile, insigne artista relojero, natural del Puerto de Santa María, y que era profeso del Convento Casa Grande de San Francisco, llama do Fray José Cordero. Dicho segundo reloj se inauguró el 7 de diciembre de 1769, en la noche víspera de la Inmaculada.
También este segundo reloj cumplió su edad de ser retirado y se sustituyó hace pocos años, más que mediado el siglo XX, por el que tenemos en la actualidad.
Ya el reloj de la Catedral no rige las horas de la Ciudad con sus campanadas, pues ni siquiera si os ponéis al pie de la Giralda podréis escuchar sus sones, por el ensordecedor estruendo o «polución auditiva» como ahora se dice ahora, que envuelve el ambiente, a causa de los autobuses que contornean el Archivo de Indias, y los automóviles que afluyen desde la calle Alemanes, la calle Don Remondo, y la Plaza del Triunfo*.
Pero antes sí, las campanadas del reloj de la Catedral marcaban la hora, y con ella el ajetreo de la ciudad, abriendo y cerrando talleres y comercios, sacando a la gente de sus casas para ir a Misa, o encerrando al vecindario cuando las campanadas de las diez indicaba que ya era la hora de recogerse a dormir.
Un enigma que no ha podido aclararse del todo es el de por qué el reloj de la Catedral llevaba siempre diez minutos de atraso con respecto a la «hora oficial» que señalaba el reloj del Ayuntamiento, puesto en el siglo XIX en la torre municipal de la Plaza Nueva.
Según cuentan, para que los canónigos, por llegar tarde no perdieran el cobro de su «pitanza» que así se llamaba el salario o estipendio que cobraban por asistir al rezo del Coro, un avispado Maestro de Ceremonias, en tiempos del Arzobispo Palafox, (célebre por su mal humor permanente y por su animosidad contra el Cabildo catedralicio) ideó esta fórmula de atrasar diez minutos el reloj, ya que el Prelado cascarrabias exigía que se castigase con la privación del dinero a los canónigos que llegaban tarde por habérseles » pegado las sábanas» en las mañanas frías de invierno. Pues aunque parezca mentira, en Sevilla hay también mañanas frías, en que a los niños les salen sabañones en el canto de las orejas, cuando van al colegio, y en que el vientecillo sopla por la plaza de la Virgen de los Reyes, en la esquina «de las pulmonías» o de » matacanónigos».
Así que se atrasó esos diez minutos, y ya nunca sufrieron los clérigos la privación de su salario. Esa misma hora se puso en el reloj del Seminario, en el Palacio de San Telmo.
Esta es una versión de tan curioso retraso.
Pero hay otra más reciente, aunque no esté documentada. Se dice que en cierta ocasión hubo un ruidoso conflicto entre el Ayuntamiento y el Cabildo catedralicio, pues habiéndose señalado para una solemne fiesta la hora de las ocho, el alcalde y concejales salieron a las ocho en punto del Ayuntamiento, con el pendón de la Ciudad, los maceros y la banda de música. Pero al llegar al templo (que naturalmente debió ser a las ocho y diez), el Arzobispo sin esperar había comenzado la Misa. Protestó el Ayuntamiento diciendo que su Corporación no podía salir antes de la hora, y el Arzobispo contestó que lo que no podía era llegar después de la hora. Se enzarzó la cuestión y llegó el pleito a tal extremo que la Catedral para evitar que se repitiera, decidió atrasar su reloj diez minutos, y así cuando la Corporación Municipal había de asistir a una Misa, saliendo a las ocho del Ayuntamiento, llegaba a las ocho a la Catedral, quedando así todos contentos.
Durante muchos años, desde quizás el siglo XVIII o principios del XIX hasta mediados del XX en Sevilla cuando se hablaba de la hora se decía: ¿Por el Ayuntamiento o por la Catedral? , y cuando alguien llegaba tarde a una cita, se disculpaba invariablemente: -Es que llevo mi reloj por el de la Catedral-.
(C) 1.990 José María de Mena
(C) 2.019 David de Mena
*N.E. O el tranvía
