Muebles y utensilios domésticos (II)
Además de los diversos aparatos para alumbrar las casas, y que cumplían a la vez una función decorativa, las viviendas de los años 1.920 tenían en su mobiliario y decoración infinidad de variantes con respecto a los domicilios de nuestros días actuales. No había, naturalmente, televisores, radios, ni frigoríficos. En cambio había, además de los quinqués, y velones, citados, muebles hoy inexistentes, como las arcas, y los baúles, para guardar ropas.
Otro mueble en uso era la cómoda, con tapa de mármol, y tres o cuatro grandes cajones. En el de arriba se solían poner las camisas y calcetines. En el segundo, ropas de mujer y de niños chicos. En el tercero, las sábanas y colchas. Y finalmente en el de más abajo, ciertas prendas de más valor, como el mantón de Manila, alguna colcha bordada de lujo, y papeles de interés.
Los vestidos y trajes, se colgaban en el armario ropero. Los que se usaban menos pasaban a los baúles, y finalmente las mantas y cortinas se guardaban en el arca de madera.
Otro mueble hoy olvidado era el palanganero, especie de armazón en el que se ponía la palangana para lavarse, pues no existían los lavabos de cerámica sanitaria con agua corriente que usamos hoy. Debajo de la palangana había un cubo para echar el agua sucia, y el mismo mueble tenía a un lado un colgadero para poner la toalla. El agua se tenía en un jarro al lado del palanganero.
En las casas más pudientes, el palanganero lo usaban solamente los varones. En cambio las señoras tenían un mueble llamado «tocador» que consistía en una mesa de mármol con varios cajoncitos debajo. Sobre este mármol había una palangana de china, y un jarro también de china, para lavarse, y una docena de tarros, también de china, con el mismo dibujo que la palangana y el jarro, cada tarrito para un cosmético o pintura de belleza, más otro recipiente, la jabonera, para la pastilla de jabón.
La gente, con las dificultades de no tener agua corriente, se lavaban y se bañaban menos. El extremo del lujo era tener un baño. En sevilla, en años 20 no habría más de dos docenas de bañeras, en las casas principales. La gente común se bañaba en verano en el río Guadalquivir algunos por motivos más de salud que de higiene iban a los baños de Murga casa situada donde ahora está el ambulatorio de la Seguridad Social en la calle Marqués de Paradas. En los Baños del doctor Murga, había un pasillo con varias salitas a los lados, y en cada salita una bañera y un lavabo, de agua fría y caliente. Excepcionalmente cuando alguien necesitaba bañarse en su casa, por prescripción médica, avisaba a la Casa de Baños del doctor Murga, y venían un carro y cuatro hombres que traían la bañera a la casa del paciente.
En la decoración de las casas encontrábamos elementos hoy desaparecidos como el «portier» que aunque su nombre, de origen francés, parece indicar una cortina para puerta, en realidad eran cortinas para ventana, de una sola pieza, y que para que el viento no la moviese, llevaban en su borde inferior una pesada barra. En muchas casas había jaulas con diversos pájaros. Como solían ser casas unifamiliares con patio, había espacio suficiente para que estos pájaros no molestasen en las horas de dormir. En los patios se colgaban las jaulas de un clavo en la pared.
En casi todas las casas se destinaba el piso bajo para habitar en verano, como más fresco y el piso alto para invierno, con las habitaciones repetidas: dormitorios de verano y dormitorios de invierno; comedor de verano y comedor de invierno. El llamado «estrado» o salón, servía para recibir las visitas de personas de más cumplido, a las que no se recibía en el comedor habitual. Visitas de pésame cuando había algún fallecimiento en la familia; visitas de felicitación de día de santos o de cumpleaños, o simplemente visitas de cortesía, de amigos menos íntimos.
Cuando no se esperaban visitas los muebles del «estrado» se cubrían con unas fundas de lienzo blanco para que no se deteriorasen con el polvo, y para que la luz no decolorase la seda del tapizado de sillas y sillones. El «estrado» así con los muebles enfundados de blanco, en la semioscuridad con las ventanas cerradas, ofrecía el aspecto misterioso de una reunión de fantasmas. Los espejos de luna colgados en las paredes se revestían con una gasa o tul para que no los ensuciasen las moscas.
En las paredes, en aquellos tiempos en que todavía la fotografía estaba en sus comienzos y tenía el prestigio de la novedad, se solían colgar retratos familiares, principalmente fotografías de boda. También era frecuente la fotografía de la señora de la casa ataviada con disfraz de mora, retratada delante de una decoración de estilo granadino; casi todos los fotógrafos de galerías tenían esta decoración, que coincide en los años veinte al treinta con la moda de lo musulmán, lanzada por la literatura, a partir del estreno de la obra «El alcázar de las perlas», de Francisco Villaespesa, que estrenado con gran éxito la actriz María Guerrero.
Igualmente en las paredes podían verse fotografías del señor de la casa, vestido de uniforme militar con condecoraciones, o con uno de los diversos uniformes civiles que se usaban por todos los Cuerpos de la Administración pública: Hacienda, Fomento, InstrucciÓn Pública y Bellas Artes. Eran uniformes de gala, parecidos a los que hoy usan todavía los embajadores, con sombrero bicornio de plumas, y espadín. En el puño del espadín iba en esmalte o grabado el emblema del Cuerpo, y así se sabía quién era Ingeniero de Caminos, quién Jefe de Administración Civil, quién Académico. Mientras que los abogados, jueces, fiscales, magistrados, se retrataban vestidos con la toga, y tocados con el birrete de su grado.
Entre los muebles más usuales figuraban las mecedoras, que podían ser de madera curvada negra, con asiento y respaldo de rejilla, u otras más modestas con el asiento y respaldo de lona. Las mecedoras se ponían en el patio, acompañadas de las macetas de pilistras, y del búcaro o botijo de agua fresca.
Un mueble muy usual entonces y que ya ha desaparecido es la «trona» o silloncito alto para los bebés. El niño pasaba sus horas sentado en ese silloncito, junto a la mesa del comedor. Hoy se ha sustituido por el corralito» o «parque», especie de jaula de parque zoológico en donde el niño está encerrado para que no merodee a gatas por la casa, y que es menos peligroso que la «trona» porque el niño no puede caerse. Además tiene más libertad de movimientos y no se ve constreñido a estar sentado todo el día, sino que puede cambiar de postura, echarse, sentarse en el suelo o ponerse de pie agarrado a los barrotes.
También ha desaparecido el «bacín» que era una especie de retrete portátil, del tamaño de un orinal en cuanto a su diámetro pero mucho más alto, y con tapadera. Conviene tener en cuenta que en la mayoría de las casas no había alcantarillado sino pozo negro, con un retrete único en el piso bajo. El bacín se utilizaba como retrete auxiliar en el piso alto.
La limpieza de los pozos negros se efectuaba una vez al año; venía a las casas la «pipa del guano» que era un carro cisterna, en donde los poceros recogían las aguas negras y materias fecales del pozo negro, lo que apestaba la calle entera durante las varias horas que se tardaba en esta limpieza del pozo…
© 1982 Jose María de Mena
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