De Sevilla a Guadalupe
LA CELEBRE VIRGEN DE GUADALUPE, DE EXTREMADURA, PROCEDE DE SEVILLA
Hace pocos meses, visitando el Monasterio de Guadalupe, en Extremadura, me llamó la atención el rótulo, ya deteriorado por los años, de un viejo cuadro que está colgado en uno de los claustros. Investigué su autor, que resultó ser un pintor y fraile del siglo XVII llamado Fray Juan de Santa María, el cual se propuso representar en varios lienzos la historia de la Virgen de Guadalupe.
El rótulo dice así: “Cuando la perdición general de España, que fue por los años de setecientos, unos clérigos devotos, naturales de Sevilla, queriendo librar de los moros algunas de las más preciadas reliquias, entre ellas trajeron esta Santa Imagen a este sitio, cerca del río Guadalupe, dejándola escondida en un pequeño sepulcro”
Este documento pictórico, lo basa el pintor y fraile en los documentos del propio archivo de Guadalupe, o sea que es totalmente fiable.
Añadiremos por nuestra parte que coincide con la tradición sevillana puesto que, al producirse la invasión de los marroquíes el año 711 (que algunos llaman invasión de los árabes, aunque debería decirse más bien invasión de los musulmanes mograbías), los clérigos sevillanos se dispersaron por el Norte de España, o huyeron a Francia y a Italia llevándose las reliquias e imágenes, para ponerlas a salvo de la profanación mahometana. De esta huida y salvamento de objetos sagrados tenemos abundantísimos testimonios. Yo mismo descubrí hace algunos años que las reliquias o cuerpos de las vírgenes mártires Santa Justa y Santa Rufina, están actualmente en una iglesia de la provincia de Teruel adonde las llevaron el año 711. También la Virgen de la Iniesta fue llevada entonces a Cataluña, donde la halló setecientos años más tarde el caballero Mosem Per de Tous Monsalve, quién la devolvió a Sevilla.
La imagen de la Virgen de Guadalupe, es de la serie de las «Vírgenes negras» por el material de que está hecha, que puede ser ébano, o un bloque de azabache. La tradición afirma que esta imagen perteneció en la época visigoda a San Leandro, hermano de San Isidoro.
